Una nota desde el corazón para quienes preguntan por el precio
Querida alma,
Sabemos que cuando se habla de lo espiritual, lo ancestral o lo simbólico, muchas veces se espera que todo sea gratuito o inmedible.
Y lo comprendemos: el alma no tiene precio.
Pero canalizar un códice no es un acto automático.
No usamos plantillas, no copiamos reportes ni dejamos que las máquinas hagan el trabajo.
Cada códice es una ofrenda viva, canalizada en silencio, con tiempo, oración y presencia.
¿Qué incluye tu inversión?
En tiempos antiguos, el valor de algo no se medía en monedas, sino en relación, reciprocidad y significado. Se intercambiaban semillas, fuego, medicina, cantos o silencio… y todo tenía un peso espiritual. Hoy, aunque usamos dinero, el acto profundo sigue siendo el mismo: ofrecer algo de uno para recibir algo que transforma.
Los abuelos wixaritari nos recuerdan que el dinero también tiene raíz sagrada: viene de la Tierra, nace del movimiento del sol sobre los campos, está entrelazado con la energía de la vida, con la productividad y con el sentido del alma.
Pero la mente occidental, tan acostumbrada a calcular sin sentir, ha olvidado esto. Confunde el valor con el precio, y olvida que lo verdaderamente valioso no tiene etiqueta, pero sí requiere tiempo, presencia y camino.
Un Códice del sistema Mapas de Luz no es un archivo más: es una lectura viva, tejida con devoción, una ceremonia escrita que puede abrir un antes y un después. Incluye tu carta natal completa, tu diseño humano, la numerología de Ailexin y tu número Kua, entrelazados con respeto, sin fórmulas prefabricadas. Son entre 25 y 35 páginas canalizadas en silencio, con la base descriptiva de un símbolo visual único, rituales de activación y una narrativa que te habla al alma, no al ego.
Cada códice toma entre 8 y 15 horas de trabajo ceremonial real, sin contar el tiempo de reposo, digestión y visión que también forma parte. No es un producto. Es un mapa espiritual entregado con reverencia. Aun así, si deseas compararlo: una sola consulta médica, psicológica o energética suele costar lo mismo —y rara vez te entrega una visión integral de quién eres, por qué estás aquí, y cómo florecer desde lo que ya vives.

